Roque, historia de un “buscador”

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Roque es el paradigma del “buscador espiritual”,  un alma inquieta que ha transitado múltiples caminos buscando lo que hacemos todos consciente o inconscientemente, una razón para vivir y una explicación a este mundo inasible  que habitamos.  Su trayectoria es bastante representativa de la oferta actual del “mercado espiritual”  y por eso a través de su voz la trasladamos hoy aquí  por si su experiencia sirve de ayuda a los que se afanan en  encontrar respuestas y alivio a los  interrogantes que nos plantea la existencia.

 Pedro Puialto.  Santiago 8 de noviembre de 2017.   Roque Torres Moreira  (Porto do Son,  1953). Estudió magisterio en Santiago de Compostela,  ejerce de funcionario del Concello en donde nació y desde hace largos años da clases de yoga y meditación en Ribeira y en Noia.  Vive con su familia en una casa de campo e iniciamos este relato una soleada tarde sentados en una puerta lateral de la Capilla de la Atalaya, en O Son, frente al mar de Muros.  Después de esto continuamos  comunicándonos  y  asistí con gran placer a uno de los talleres de yoga y meditación que organiza de vez en cuando en una apacible casa en el mágico lugar de la Lagoa de Xuño.

Pronto se inició como “buscador” y a interesarse por la filosofía, la poesía y el mundo espiritual. Prematuramente rebotado de la tradición católica y de cierta política no encontraba lugar en el que aposentar su inquietud.  Insatisfacción, búsqueda, tratar de encontrar sentido a sí mismo y al mundo se convirtieron en una obsesión.  Todo un largo camino con duros desiertos y algún oasis, también algunos de ginebra y de otras hierbas. Un recorrido inacabable.  Esta es su voz:

Comienzo en el yoga

“Mi adolescencia y primera juventud pasó entre Santiago y Porto Son,  en esa época viajaba con cierta frecuencia en tren y en auto-stop por España.  Esos viajes  me daban sensación de libertad pero siempre regresaba al Son, necesitaba volver a la naturaleza.  Allí me sentaba sin ninguna clase de técnica en especial en las playas y en los montes, aun no sabía que eso se llamaba meditación, simplemente me sentaba a escuchar. Realmente no sabía lo que estaba haciendo, pero me fascinaba el silencio siempre presente en el  fondo de todas las cosas.

Un día encontré un  libro de yoga en Santiago y comencé a practicar por mi cuenta, hasta que años más tarde contacté con la escuela Sivananda de Vigo de Manuel Agulla,  “Mádhana”  (ver el post “Los Orígenes del Yoga en Galicia”  en este mismo blog).

Durante los curso 82 y 83 estuve trabajando en  Ribeira de profesor de EGB.  Fue al  terminar el contrato cuando me fui al curso de un mes de formación de yoga de Sivananda  en Valmorín  ( Montreal , Canadá )  en el año 84.  Lo impartía  Swami Vishnudevananda (1927-1993) uno de los discípulos directos de Swami Sivananda (1887-1963) y  que había sido comisionado  por el maestro para  introducir el yoga en Occidente, para lo que organizaba  estos cursos de formación de profesores desde el año 1969 en diferentes lugares del mundo.  En general  fue una experiencia interesante, un curso muy completo en cuanto a la filosofía del yoga y al conocimiento y práctica de las asanas.

Aprendí lo básico para poder seguir practicando por mi cuenta, pero al mismo tiempo quedé decepcionado porque   encontré mucho “devoto” dependiente de los maestros y dispuestos a tragar lo que le echaran.  Pensé que era salir de una iglesia para entrar en otra y eso no era lo que buscaba.

Después del curso me quedé unos días de retiro en los bosques de Canadá y antes de regresar pasé un mes  en New York, simplemente paseando asombrado por sus avenidas.  Estando en New York me comunicaron que iba a cobrar el paro. Era una experiencia nueva que prometía, así que me vine para Galicia dispuesto a vivir como “un rey” una temporadita. Me instalé en A Coruña y acabé viviendo durante unos meses en el centro Sivananda de Soma (ver también el post “Los Orígenes del Yoga en Galicia”  en este mismo blog ) dando clases como ayudante  para pagarme la estancia. Practicaba duro con la intención  de subir la kundalini hasta la coronilla.  Nadie sabía muy bien lo que era eso pero el Maestro y los libros decían que era la hostia y yo quería alcanzar esa experiencia. La verdad es que en esa época me atraía mucho realizar en mí la boda mística de Shiva y Shakti en el altar del Sahasrara. Siempre me pareció una simbología muy hermosa.

Aunque practicaba con fe no me sentía muy atraído por el ambiente “yóguico”,  no acababa de integrarme en su mundo. No sabía lo que buscaba, pero sabía que aquello no era. Tenía claro  que no quería parecerme al maestro y demás swamis. Agradeciendo al yoga todo lo que me aportó,  no me quedó otra que cambiar de aires.

RokePaseandoPolaPraiadasFurnasRoque paseando en la época por la playa das Furnas.

Poesía y otras hierbas

Realmente puedo decir que mi búsqueda empezó con la poesía;   leía y releía emocionado a Walt Whitman, Octavio Paz, Rilke, J.R.Jiménez, Robert Graves…,  creo que buscaba en la poesía  la belleza y  la esencia de las cosas. Y  a través de la poesía persa,  y especialmente de la de Omar Khayyam  y de Rumi, acabé ingresando en la la tariqa Naqshbandi  de una organización sufí. .   En  primavera y en  verano había reuniones en Arcos de la Frontera con gente de todo el mundo y el resto del año hacíamos trabajo individual y de grupo.  Era otro ambiente muy distinto al del Yoga. La gente parecía más natural, no eran abstemios ni renunciantes:  “Estar en el mundo sin ser del mundo” se decía, y a mí me gustaba ese concepto.

A pesar de eso al cabo de algún tiempo noté que me estaba estancando y fui perdiendo confianza en la organización. Volví a encontrarme con la misma  dependencia emocional y exaltación del gurú,  con la autoimportancia de pertenencia  al grupo,  el exotismo y la contradicción. Y a pesar de que estaba “enganchado” al Tratado de la Unidad  de ibn Arabí y a algunos textos de Henry Corbin, que leía por mi cuenta, decidí que aquello no era lo mío. Aún así la inercia y la esperanza me  mantuvieron  12 años en la Tradición Sufí.  Cuando lo dejé ya nunca más  volví  a pertenecer a ninguna otra organización.

casaXuñoLa primitiva casa de Xuño, hoy devenida en mansión

 La casa de Xuño

Desde los años ochenta tenía alquilada una casa cerca de la Lagoa de Sampedro y de la playa de las  Furnas con mi amigo Carlos Sánchez Pardo, más conocido como Carlos Montaña.

Yo necesitaba un lugar a donde regresar y esta casa era el lugar ideal.  En principio solo buscaba un sitio en la naturaleza porque el paisaje siempre me dio descanso, sentido de la belleza y me conectaba con ese algo que andaba buscando, pero aquel lugar pronto se convirtió en un punto de encuentro en donde se juntaba una mezcolanza de desencantados políticos, místicos de diferentes colores,  hippies, fumadores de marihuana etc., lo cual tampoco estuvo nada mal: buenos amigos, paseos por la playa de  As Furnas, meditación, fiestas… Por esos lares también montaría su tipi indio Ananda (ver el mismo post citado de este blog).   Allí conocí a una amiga que me puso en contacto con los yoguis de Vigo y con Soma de A Coruña.

La verdad es que guardo buenos recuerdos de esa casa y aunque siempre estaba de fondo la inquietud de la búsqueda yo no era un místico retirado.  Necesitaba el retiro pero también necesitaba el mundo con sus gozos y sus sombras. En aquellos años con frecuencia subía al monte por las tardes y volvía al anochecer dispuesto a buscar una mujer que llevarme a la boca.  (Risas )

RoqueyCarlosXuñoRoque y su amigo Carlos Montaña

Meditación y contemplación

Tras abandonar el  sufismo me sentí libre para proseguir mi camino de búsqueda guiado por mi sed interior.  Tenía confianza en mi instinto, pero había tantas opciones  que aún tenía que agotar algunas más. Así que poco después conecté con los meditadores  de Vipassana de la escuela de Goenka  .  Empecé haciendo meditaciones con amigos que trabajaban en esa escuela,  hasta que fui a hacer un curso de diez días al centro Dhamma Neru de Cataluña.  En general el curso me gustó: la experiencia del silencio, tratar de ser ecuánime durante tantas horas de quietud física, darse cuenta de cómo la mente multiplica ese sufrimiento, ser testigo de los patrones de pensamiento, contemplar la impermanencia… , todo eso me pareció muy interesante y muy útil y los pocos momentos de presencia tranquila y ecuánime muy reconfortantes.

¿Pero a dónde me llevaba esto? Ser guiado por  las grabaciones de los discursos de Goenka no me convenció nada de nada,  así como su proyecto de liberación.   La enseñanza de Goenka es la explicación y desarrollo práctico de las Cuatro Nobles Verdades según la tradición de una escuela birmana. Su esencia para salir del sufrimiento es permanecer consciente y ecuánime de forma continua sin generar nuevos sankaras y erradicando los viejos, ya sea caminando, sentado, trabajando, bebiendo, hablando… ¿y durmiendo? ¿Quién va a observar al soñador?  O sea, toda una vida (o miles) de guardia sin pestañear a la puerta de la generación de sensaciones. ¡Un camino imposible e interminable!

Me parece que va contra natura tener  que estar tanto tiempo sentado observando las sensaciones para, con un poco de suerte, renacer como monje y así tener más tiempo para más de lo  mismo hasta “destruir la casa”,  como si mal no recuerdo decía Goenka. No, no  era eso lo que buscaba. No obstante continué practicando durante un tiempo por mi cuenta y  en pequeños retiros de  fin de semana en Santiago y en el monasterio de Sobrado dos Monxes.

Por otra parte considero que su método es muy útil y práctico ,  y que puede ayudar a mantener la templanza y serenidad así como la atención y ecuanimidad en la vida cotidiana. Dar más amplitud  a ese tiempo de la reacción impulsiva. Esta meditación la incluyo como  práctica habitual en mis sesiones de yoga, aunque con menos tiempo y algo adaptada.

Aproximadamente por esa época comencé a leer a los clásicos del Zen: Hakuin, Huang Po, Seng-Tsan y compañía. Otra forma de entender la enseñanza del Budha.  Bellísimos desde el punto de vista  literario y muy inspiradores desde la perspectiva del buscador.

Un día surgió en mí una repentina atracción por la contemplación cristiana. Al principio me pareció muy extraño, ¿cómo puedo sentir esto si ya lo he dejado atrás?  Pero  fue muy interesante cómo se presentó esta atracción;   era como purificar y quemar los miedos infantiles de mi educación católica. Leía y releía con entusiasmo a San Juan de la Cruz, al Maestro Eckhart    y a La Nube del No Saber  y durante un par de años estuve practicando a diario la contemplación, especialmente el método de Oración Centrante  del Padre Keating.  Me atraía con fuerza el Silencio, entregarme a la Nube del No saber y en tinieblas ponerme al alcance del Espíritu.  Mirando hacia atrás me parece que este fue un buen trabajo, un trabajo de reconciliación con la tradición de mi infancia.

Esto me llevó a  los retiros de meditación de  Willigis Jäger en  Segovia,  en donde se hacía un trabajo de fusión entre el zen y el misticismo cristiano de San Juan de la Cruz y del Maestro Eckhart    . No estuvo mal y Willigis Jäger me pareció una persona honesta y respetable,  pero no me atrajo ni me convenció su trabajo.

Por esta época hubo un tiempo también para darle vueltas y más vueltas al Eneagrama, así  como para terapias alrededor de “La enfermedad como camino”. Un camino inacabable de ciegos guiando a otros ciegos.

UG y Nisargadatta

Guiado por mi instinto o dando palos de ciego buscando “mi camino”, fascinado por las preguntas “¿qué es lo que estoy buscando?”,   “¿existe realmente eso que busco?”, un día curioseando por internet sobre Jidu Krishnamurti, al que llevaba un tiempo leyendo con interés, me encontré con el Krishnamurti  “malo”, UG Krishnamurti.  :  ”No existe el ego, no existe el yo, no existe el espíritu, no existe el alma y no existe la mente . Esto elimina toda la lista y no hay forma de descubrir lo que queda” … Percibí tanta seguridad en sus palabras que me asusté. Leer esto  y escapar corriendo fue una misma cosa.  Yo aún tenía en mí el sabor del alma de la contemplación cristiana y este señor venía, así sin más,  a destruir mi casa.  Sentí que no era el momento, aún no estaba preparado para escucharlo. Después de un tiempo me volvería a encontrar con él, mejor dicho saldría yo a buscarlo.

Entonces tuve un descubrimiento importante, un enamoramiento: Sri Nisargadatta Maharaj    .  Me lo “presentó” una amiga totalmente alejada de los círculos de buscadores y comencé a leer los libros en los que se recogen sus charlas y conversaciones  

Me cautivó su enseñanza tan simple  (ya hacía tiempo que intuía que  lo auténtico tiene que ser simple), y creo que por primera vez sentí que la búsqueda era impersonal,  un sueño del ego, una historia del pensamiento, un sueño dentro del sueño. “Abandona todo lo que has leído y escuchado – decía –   y simplemente estabilízate en la  sensación de ser consciente. Deja que eso sea tu guía. Todo depende de la aparición de esa consciencia. Si esta consciencia está aquí, entonces también acontece la aparición del mundo. Si no hay ninguna consciencia, entonces no hay ningún mundo.”

Curiosamente concentrarte en esa Sensación de Ser es lo que aconseja el autor anónimo de la Nube del No Saber en su libro La Orientación Particular  .   Creo que me pasaba gran parte del día tratando de vivir en esta AUTOCONSCIENCIA.

En esta época lo expresé así:

¡Esta sensación de sentirse ser! 
¿Qué otra cosa ,qué otro pensamiento,
que otra sensación puede ser mas cierta?
Qué otra guía, que otro ángel, que otro amor 
puede ser más auténtico, más real?
¿Cómo puede ser saboreada la divinidad en su creación?
¿Cómo vamos a recibir a la madre de todas las cosas?

Este amor de ser
es el corazón de la compasión
el vientre de la misericordia.

El fondo de la mente.
Es el principio y el fin.
No hay a donde ir:
siempre es aquí,
siempre es ahora.

¿De qué preocuparse? 
¿Quién decide tomar un camino
o abandonarlo?,
¿Quien soy yo?,
¿Dónde estoy para hacer esto 
o dejarlo de hacer?.
Quién puede perder
o quién puede ganar
en cada decisión?

¡Cuanto tiempo!
cuantos años persiguiendo espejismos,
navegando a la deriva
entre el miedo y el deseo,
entre el sufrimiento y el placer.
Entre la baja y la alta autoestima,
temiendo a unos,
pisando a otros,
admirando y despreciando.
Construyendo una ilusión, 
una máscara con la que presentarme
ante mi mismo

y ante el mundo.

¡Cuánto trabajo!,

¡Cuánto sufrimiento!
¡Cuánto engaño
para descubrir

que no hay nadie,
solo la inmensa belleza del mar
susurrando cada día!.

Pedro Rodea y de nuevo UG

Mientras estaba inmerso en la enseñanza de Nisargadatta establecí contacto con Pedro Rodea .  Este hombre  es, en mi opinión, un gran investigador de la auto-indagación del ser. Escribió unos cuantos libros curiosos a base de “proposiciones”.  Durante un tiempo me sumergí en su enseñanza.  Nunca lo vi personalmente pero hablábamos por teléfono de vez en cuando.  Decía que cuando uno siente la angustia o el fuego el primer impulso es salir fuera a buscar alivio….pero ese fuego, ese Fuego es el Corazón, es la Luz para descubrir lo  que nunca ha faltado…que es nosotros mismos…nosotros mismos no faltamos nunca. Ese nosotros es la AUTOCONSCIENCIA o SENSACIÓN DE SER.

Su proposición:  “¿Cómo hago que yo estoy viviendo?”  es un auténtico koan. Me parece de lo más radical, de lo más potente para desenmascarar al engreído personaje que se cree el hacedor de su vida.  Esta proposición solo desaparece en el Silencio.

Desde hace un tiempo reconoce que su búsqueda se acabó.

En esa época sucedieron unas experiencias que intento expresar en el texto “La naturaleza del Satori” y,  fiel a “mi estilo”, abandoné a Pedro al que  sin embargo le estoy muy agradecido.

Fue después de estas experiencias cuando busqué de nuevo a UG.Krishnamurti .   (no confundir a éste con el más conocido Jiddu Krishnamurti).  Lo que él llama el estado natural resonaba en mi ser:  “Este “estado natural” no es tan sólo mi estado particular. Es vuestro estado natural también y no sólo el mío. No es el estado de un hombre que ha “realizado” a Dios; no es el estado de alguien auto-realizado. No es el estado de un hombre santo. Es el estado natural de cada uno de ustedes. Pero debido a que están pendientes de alguien más y a que están buscando alguna clase de liberación, es por lo que están perdidos.”

En este momento yo ya no buscaba más información para tratar de comprender más y más sino que  simplemente “sentía” de lo que estaba hablando UG.

Por supuesto que no estoy de acuerdo con todas sus opiniones, sin embargo fue lo único fresco y original que encontré entonces y  que aún vuelvo a releer alguna vez.

El final de la búsqueda

Estas experiencias marcaron un antes y un después. Ahora puedo interesarme por lo que realmente me gusta sin estar compelido a tener que saber más , sin sentir el apremio de  que debo de estar haciendo algo más “espiritual” para ver si me ilumino de una vez.   Y no es que ahora sepa mucho o poco, es que se fue la sed de saber y quedó la paz de “no saber”.

Antes yo vivía inmerso en la ansiedad de la pregunta  “¿Quién soy yo?”  y sus variantes. Ahora sigo sin saber, pero este “no saber” se convirtió en la certeza de que no hay nada que comprender a nivel del buscador.

Tampoco es que ya no sienta la atracción de lo Inefable, sino que sé que nunca puede ser experimentado por el conocimiento, por la consciencia, porque sucede al revés: es la consciencia la que “es vista” por lo Inefable. En realidad todos son conceptos, todo es mente.

A lo largo del camino, en ningún momento pretendí ser un yogui, o un sufí o un budista…Si tenía que serlo pues sí, pero no necesariamente, por lo que no me sentía incómodo cuando decidía cambiar el rumbo y navegar por otros mares.

Pienso que, en gran parte “los buscadores  espirituales” pertenecientes a una organización  están buscando el hogar en la Organización  y al padre  en la Autoridad del Gurú,  de ahí la dependencia emocional. La gran dificultad del buscador es que no está dispuesto a des-ilusionarse. La ilusión de la promesa de que un día en el futuro, en este mundo o en próximas reencarnaciones obtendrán lo que se les promete, es lo que les mantiene esperanzados, entretenidos y dependientes. Des-ilusionarse es salir de la ilusión, es acabar el juego, el final de la búsqueda.  Así lo escribí en su día:

“EL SABOR DE MÍ MISMO

No pretendo ser lo que otros fueron

Ni comprender lo que otros dicen que comprendieron.

¡Nadie sabe nada!

La tentación de convertirme en otro ya no está:

En la paz de mi propia ausencia

Aspiro mi perfume

Y encuentro el sabor de mí mismo.

El buscador espiritual vive con la inquietud de creer que le falta algo, y eso es como tener  una espina clavada en el culo. Una espina que no le permite parar y descansar en la paz inherente a su naturaleza.

Con esta espina clavada vive en un permanente estado de desasosiego, de llegar a ser eso que oyó, de llegar a ser eso que cree que tiene el maestro, ¡pero que nunca llega ni puede llegar! porque es como ese caballo que va persiguiendo una zanahoria atada a un palo que lleva  el jinete en la mano. Y lo curioso de la situación es que a pesar de la incomodidad que le produce esta espina realmente no quiere sacársela pues ya se volvió adicto a rascarse y a pesar del sufrimiento por el que pasa, a pesar del esfuerzo de las horas de sadhana*, está entretenido e identificado con el personaje “buscador espiritual”.

Pero puede ocurrir que llegue un momento en que el buscador se harte de rascar, que se canse de correr, o que simplemente tropiece y caiga, entonces puede ver la locura que perseguía.

La “búsqueda” es un asunto de intimidad. Y si algún método  puede haber sería  afinar la sinceridad. “¿qué es lo que estoy persiguiendo?”, “¿dónde nace esta inquietud?”,  “¿qué está siendo cierto ahora mismo?”  Para ello tiene que plantarse la autenticidad de su búsqueda, lo cual puede o no puede llevar a  dejar de pertenecer a lo que se está perteneciendo o dejar de practicar lo que se está practicando.

Por supuesto que solo estoy expresando mi opinión pues considero que cada uno tiene derecho a buscar lo que siente como una necesidad  y a seguir a quien quiera seguir, y nadie ajeno a uno mismo puede entrometerse.  En realidad nadie estamos haciendo nada.

 

RoqueXuñoOct2017Participantes en uno de los talleres de yoga y meditación que imparte Roque cerca de A Lagoa de Xuño

Profesor de  yoga

Entretejido en esta historia, a principios de los noventa y estando todavía en la Tradición sufí,  una profesora de un instituto de Ribeira me ofreció dar clases de yoga a los profesores del centro.  Yo ya había tenido allí un centro de yoga en los ochenta durante un par de años.  Aquellas clases empezaron a crecer y me llamaron de otros lugares por lo que  terminé retomando el yoga sin tenerlo previsto.

Entonces continué formándome para estar más preparado como profesor, asistiendo a cursos de distintas escuelas, especialmente a los del yoga de la energía de Pierre  Losa  . Actualmente doy  clases en Ribeira en la Asociación de Amas de  Casa y en una sala del Club Náutico.  También doy clases en Noia.

Mi interés en impartir estas  clases es ayudar a la gente a estar en  contacto con su “corporeidad”,  con su energía,  de manera que salgan de la abstracción, del miedo y de la preocupación a través de asumir lo que están sintiendo, lo que están percibiendo en el instante. La técnica al servicio del sentir, como diría Eric Baret.  Pero sin ningún reclamo, sin ninguna promesa de ningún tipo que los convierta en dependientes buscadores de un lejano horizonte.  En última instancia lo que todos deseamos es PAZ.

En las sesiones, aunque la base son las asanas de yoga,  incluyo técnicas de otras tradiciones  y sobre todo mi experiencia, lo que siento, lo que yo tengo integrado.  Es un yoga sencillo, técnicamente orientado al cuidado de la espalda y sin secretismos ni misticismos, partiendo siempre de la experiencia de la percepción física y energética del organismo.

Trato de hacerlo natural para que se pueda integrar fácilmente en lo cotidiano. Todo el mundo sabe lo que es una sensación, lo que es consciencia,  lo que es sentir, lo que es darse cuenta de la respiración sin necesidad de emplear palabras exóticas si no es necesario. De esta manera se  pueden incluir meditaciones profundas sin que el ego se entere de que está haciendo algo “muy profundo”. Procuro ser muy preciso con las palabras y las frases que utilizo para que las palabras lleven a la experiencia. También procuro aportar cierto sentido del humor para sacar gravedad y poder así practicar con una disposición suelta y alegre.
En resumen,  lo que me interesa es que los practicantes encuentren por si mimos la certeza de los beneficios del yoga, no porque lo digan unos libros, los cuales por cierto a veces exageran un poco para vender el producto, ni tampoco porque lo diga este maestro o este instructor, sino porque ellos lo están experimentando. Así no se confunden hablando de lo que oyen sino de lo que saben por sí mismos.

Básicamente la gente viene a las clases a “parar”, a  sentirse, a encontrar un poco de paz, a disfrutar de un tiempo para si mismas.  Si veo que alguien tiene más interés por indagar en los yogas entonces  las oriento lo mejor que puedo.

Para ilustrar lo que siento, aquí va esto que escribí en su día:

La naturaleza del Satori  

En esta larga noche

El sonido del agua

Dice lo que pienso.

                                     Gochiku

Creo que iba obsesionado y agotado con “mi búsqueda espiritual” aquella mañana paseando por un bosque cuando,  repentinamente desaparecieron los pensamientos (esto lo supe más tarde),  y solo quedó un estado de  energía puramente “animal”: frescura, originalidad, vitalidad, fuerza, pureza,  y sobretodo ausencia de “yo”. Esta consciencia apareció inesperadamente como un relámpago, y apareció con una rotundidad y una veracidad totalmente clara e indiscutible: “la evidencia física y vital de que “yo” no existo. No eran ideas de nadie, era una certeza que venía de “adentro” que no requería ninguna confirmación externa.

Me quedé como quien despierta y tiene la seguridad de que toda esa historia de anoche fue un sueño.

Esta ausencia de “mi mismo” fue lo más sorprendente: ¿Cómo era posible que “yo” no existiera?

Lo más curioso fue la comprensión de que realmente nunca había existido: Roque nunca existió.  ¿Cómo no lo ví hasta ahora? Estaba tan sorprendido por esta obviedad que me pareció una broma. ¿Cómo era posible haber estado tanto tiempo fascinado por esa idea de yo?

Como un torrente se desbordaba la comprensión: No es que yo no existiera es que nadie existía ni existió nunca. Nadie había nacido y nadie iba a morir. La idea de un “yo” era solo una alucinación compartida que no existía en realidad. ¡Y sobre esta alucinación compartida estaba construido todo el edificio de la espiritualidad!.

Esta comprensión no tenía que ver con la comprensión intelectual de “comprendo que el yo es una ilusión”. No, esta evidencia tenía un carácter energético y un sabor fresco, vital e indiscutible. Era la vida consciente de sí misma, un lugar jamás tocado por mi mente.

  Solo había este organismo, pleno de vivacidad y consciente. Todo estaba ocurriendo a nadie. “Yo” era solo era una ilusión, ¡qué des-engaño!, ¡qué des-ilusión tan completa!

Al no haber contenido psicológico, la idea que tenía de mí era la de ser un “organismo sentidor” por el que la Vida se estaba expresando de esa manera particular. La experiencia mística comparada con la pureza de esta consciencia resultaba impura, tocada por el pensamiento.

No había visiones beatíficas, no había amor hacia ningún dios, diosa o personaje de ninguna religión, no había ninguna experiencia oída, no había contemplación de nada, solo había consciencia pura. Creo que puedo decir: la consciencia del organismo libre de la psique. Así es como puedo imaginar la experiencia de Adán antes de ser expulsado del paraíso: inocencia y pureza.

Fue como caer del caballo, o como haber estado todo el tiempo caminando con una maleta en cada mano, y de pronto surge la ocurrencia de apoyarlas en el suelo y se comprende que no hay ni hubo tales maletas. Solo llevaba los puños apretados.¡ qué sorpresa! ¡qué liberación! ¡qué tontería!

Aunque esta experiencia me dejó “tocado”,  aparentemente todo siguió más o menos como siempre, y algunos meses más tarde, estando en el trabajo a primera hora de la mañana haciendo una fotocopia, tranquilo y pasmado mirando a la ventana, inesperadamente sucedió que, es una forma de expresarlo: el cuerpo, la energía física estaba separada del pensamiento. La vitalidad del organismo estaba aquí de pie y el pensamiento en cambio se movía en paralelo a este organismo.

Otra vez la energía vital libre del pensamiento, ¡la vida tocada en un punto tan vivo, tan fresco, tan original.!

Esta vez la certeza que apareció fue diferente, y el primer pensamiento que recuerdo fue: (te lo digo como me salió) ¡hostiá, todo es falso, todo lo que oí, leí, me contaron, todo es falso sin excepción! Esta certeza no necesitaba ser reflexionada ni la confirmación de ninguna autoridad externa. Era tan evidente que solo hay vitalidad, solo el funcionamiento del organismo no separado de la vida misma, y el pensamiento era algo sobreimpuesto a esta frescura. Realmente fue una sorpresa, y la verdad, es que esto no estaba en el guión de la búsqueda. Nunca se me hubiera ocurrido. ¡Con esto sí que no contaba! Y me sentí ¡tan corriente, tan normal, tan natural!

Esto tiró por los suelos la esperanza de que el pensamiento podría llevarme a la iluminación (ya lo sabía de boquilla, pero ahora era una certeza), y el concepto de iluminación y todos los que le acompañan se esfumaron. Todas las palabras que fueron escuchadas no contenían nada real, nada vital, nada originalmente inherente a mi naturaleza. Esto incluía a todo: grandes textos antiguos, las palabras de Nisargadatta, los textos y charlas con Pedro, (en esta época tenía conversaciones telefónicas con Pedro Rodea), creencias, y no digamos mis propias ideas e inquietudes.

Porque… ¿Qué hay que realizar? Si la realidad última, la verdad, lo absoluto, el ser y el no-ser, lo permanente y lo eterno son una invención del pensar,  ¡qué más da lo que busque!, cualquier cosa que busque: la paz, el amor, la iluminación…todo me aleja, todo son ideas de un mismo deseo, de un mismo querer: el deseo de un yo que quiere continuar, que quiere librarse de la incomodidad del sufrimiento y ser feliz para siempre. O sea puro yo-ísmo nutriéndose de la esperanza de que un día sucederá.  

Esta comprensión fue tan clara y tan rotunda que desde ese momento perdí el interés por todo bla bla bla, y de toda lectura “espiritual”. Todo tenía un sabor “caducado”, artificial, de falta de frescura y de autenticidad.  Al cabo de unos días resonaba en mí lo poco que había leído de  UG:”… tiene usted que tocar la vida en un punto donde nadie lo haya tocado antes. Nadie puede enseñarle a eso. Mientras siga repitiendo lo que otros han dicho, está usted perdido”.

A lo que él se refería era totalmente distinto de lo que cualquier gurú tradicional o moderno se refiere. Quizá  se adivine lo mismo en los textos de Huan Po,  Ikkyu … , pero, no sé, quedan demasiado lejos, ya son traducciones de traducciones: “¿Queréis saber a qué se parecían los grandes maestros? No tenían nada que no tengáis vosotros. Si intuís esto, no hay diferencia entre vosotros y esos viejos maestros. Si deseáis pareceros a ellos, dejad entonces de imitarlos….” (Lin-Chi) 

Realmente es tan personal que se vuelve incomunicable. Porque un satori nunca es lo que imaginamos, lo que esperamos por mucho que hayamos oído hablar de él. Con la información que tenemos del satori nos formamos una idea, y, precisamente esta idea se vuelve un obstáculo. Entre las ideas más comunes que nos formamos del satori es que es una experiencia de tipo “espiritual”.

Pero  nunca se parece a esto ni a aquello, y es así porque es imposible compararlo con cualquier experiencia dentro de lo conocido, por eso se hace imposible re-conocerlo.

No es una idea que se comprende o que se adquiere con la comprensión de información, el satori es energía despierta, energía nunca antes tocada por la consciencia. Por ello cabe la posibilidad de que  pueda afectar a la fisiología corporal.

No se puede llegar a él a través de la adquisición de  conocimiento, o de una técnica, no hay camino que conduzca a el: es un rayo que te cae encima y te fulmina estés caminando o estés sentado, o incluso bebiendo un gintonic. . Entonces, en esa frescura,  tiramos a todos los maestros y su sabiduría por la borda, y en la pobreza de solo sé que no sé nada ya no seguimos sino al  viento: si encuentras a Buda mátalo, se dice en el zen, quizá también se refiera a esto.

Pero matar a Buda no es ninguna broma. Cuestionar a la autoridad no es nada fácil ¿quién soy yo para atreverme a tirar del altar al reconocido sabio?, ¿es que soy un engreído, o es que soy un ignorante que no comprendo?

Cuando la conciencia aparece en su pureza, entonces ya no eres ni creyente ni ateo, lo que queda se expresa a su manera, y nunca sabré lo que es, porque lo que es es aquello que no se puede decir, y lo que se puede decir-como dijo Lao Tzu- no es el verdadero tao.

 “Este camino

ya nadie lo recorre.

Salvo el crepúsculo”         

Basho

 No se puede explicar en palabras, es como  aquel mondo (intercambio entre un discípulo y su maestro) zen:

“¿Existe el Ser?

Si dices: Sí, existe.

Yo te digo muéstramelo entonces.

Si dices: No, no existe.

 Te digo, ¿qué es entonces lo que está escuchando estas palabras?

Dando una golpe en la mesa, -Despierta! el tao está justo delante de tus narices!”

Así que, reconociendo la imposibilidad de compartirlo o explicarlo en palabras, recurro a aquel viejo haikú:

“En el viejo estanque

Salta una rana

¡plop!

                                                  Basho”

“En el viejo estanque salta una rana” es la idea, es el pensamiento, es todo el rollo que escribí.

¡Plop! es el hecho no pensado, es la realidad.

¡Pplop!

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1.Podemos definir Satori, dentro del contexto zen, como esa experiencia repentina y abrumadora, y completa en si misma

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Ya en funcionamiento el nuevo centro de Vipassana en Candeleda (Ávila). La compostelana Emilia Braña nombrada presidenta de la Fundación en España

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Pie de foto.-  El flamante Dhamma Sacca al pie de la sierra de Gredos 

Mientras en agosto se realizaba el primer curso de meditación Vipassana en el nuevo centro de esta fundación en España, la compostelana Emila Braña pasaba a presidir el Patronato que dirige esta Fundación en nuestro país

Por Pedro Puialto

Santiago, 27 de enero de 2017.

Tras un año de trabajos maratonianos en el que grupos de voluntarios colaboraron con entusiasmo con las empresas constructoras contratadas,  en agosto pasado ya se pudo realizar el primer curso de Vipassana   en el nuevo centro bautizado como Dhamma Sacca, en Candeleda (Ávila),  en la comarca de la Vera, lindando con Extremadura y en las estribaciones de la sierra de Gredos, al pie del majestuoso monte Almanzor  que con sus 2.700 m.  enseñorea el paisaje y semeja un pequeño Everest en una versión carpetovetónica de los Himalayas.  Con este,  ya son dos los centros propios de la Fundación en España pues hasta ahora solo existía el Dhamma Neru en Cataluña.   Dhamma Sacca significa “la verdad del  Dhamma” y Dhamma es una palabra polisémica que puede traducirse como la ley de la naturaleza o como el camino de la liberación.

Gallegos al mando

Prácticamente coincidiendo con la inauguración del flamante centro, la compostelana  Emilia Brañas fue elegida  nueva presidenta de la Fundación Vipassana en España  en sustitución del  pontevedrés –aunque residente en Barcelona –  Carlos Peláez,  que pasa a ser vicepresidente.    La presidencia es por un periodo de dos años.  Él órgano directivo de la Fundación es el Patronato, compuesto por 8 miembros.  Se reúnen físicamente dos o tres veces al año en las sedes de Candeleda o de  Cataluña aunque celebran más reuniones ejecutivas vía Skype.   A pesar de sus nuevas responsabilidades,  Emi seguirá organizando el grupo de Santiago con los autocursos de 4 horas un domingo cada mes  y otro de un día completo una vez cada tres meses, así como las meditaciones semanales que este año se trasladan del domingo a los jueves.

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Pie de foto.-  Emilia Braña (derecha.) junto a Victoria Girón,  una de las más pertinaces meditadoras de Vipassana

Entre el 9 y el 20 de noviembre hice  uno de los primeros cursos de diez días que allí se celebraron.  Los cursos de diez días son  imprescindibles para iniciarse en esta técnica de meditación y convertirse en  “old student”,  categoría que indica que  los iniciados ya pueden persistir en la práctica acudiendo a las sesiones  colectivas que la organización realiza en las más importantes  ciudades.

Era mi cuarto curso, el primero en el nuevo centro, aunque los tres anteriores los había hecho también en el mismo municipio de Candeleda,   en La Colonia de Gredos, un lugar para vacaciones e inmersiones lingüísticas que la Fundación Vipassana alquilaba hasta ahora puntualmente para atender la creciente demanda.

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Pie de foto.-  Voluntarios meditando durante un descanso en la construcción del nuevo Centro

La Andalucía de Ávila y la Galicia Chica

Candeleda , autodenominada Puerta Sur de Gredos,  es un pequeño pueblo de montaña estratégicamente situado a donde acuden de vacaciones muchos veraneantes, principalmente de Madrid,  en busca de aire limpio y paisajes relajantes.  El turista más célebre fue el expremier británico John Major,  en cuyo honor  se ha bautizado una céntrica avenida.  Hay varios restaurantes con pucheros honrados y mi favorito es Casa Pepe, en la Plaza Mayor del Ayuntamiento  en el que recomiendo  a los pecadores como yo sus especialidades, los judiones con chorizo y las chuletitas de cabrito con ajo,  como despedida del mundo cruel antes de la inmersión ascética.   En la Plaza, flanqueada por pintorescas construcciones, está el curioso Museo del Juguete de Hojalata y callejeando por las estrechas rúas se leen carteles  que anuncian la venta casera del reconocido pimentón de la zona o de alubias, embutidos,  quesos o higos de producción propia.   Candeleda pertenece a la comarca de la Vera, que comparte con Extremadura.  Hay un clima especial y eso se traduce en una gran variedad de productos, incluso naranjas, granadas y aceite, por no citar los cabritos, que aunque no están precisamente muy indicados cuando se va allí a lo que se va no se pueden dejar de citar en consideración a las mentes más eclécticas.  Pero de quesos, algo  políticamente más correcto, nos extenderemos después  pues los de aquel origen dan para mucho.  En fin, por lo del particular microclima le llaman a aquello la Andalucía de Ávila, así como el próximo municipio de Madrigal de la Vera,  a once  kilómetros en dirección al centro de Vipassana y ya en la provincia de Cáceres,  es conocido como la “Galicia chica” por la abundancia de agua y sus pastos verdes en cualquier época del año.  O eso dice la propaganda.

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Pie de foto.-  En muchas de las típicas casas de Candeleda venden variados productos de producción casera, singularmente queso, higos y el famoso pimentón de la Vera 

Construcciones ecológicas

Desde Candeleda  al nuevo centro se llega saliendo del pueblo por la carretera de Plasencia. Muy cerca,  pasados doscientos metros del kilómetro 85 de esa carretera CL501, se abre un camino en donde a mano izquierda  un cartel señala donde se ubica el centro.   Dejamos el coche junto a un río que se bifurca entre madroños, arces y tilos,  en un solar que oficia de parking y ante nosotros se presenta el nuevo complejo, un hermoso terreno de diez hectáreas que se desparrama desde una colina en la que se erigen integradas con el paisaje unas funcionales construcciones que constituyen la primera fase del flamante Damma Sacca, la que se ha culminado ahora y cuyo proyecto final, ya programado y a la espera de fondos, es mucho más ambicioso.  Estamos a 500 m. de altura y el aire es límpido y claro.  El pico Almanzor domina apabullante  el paisaje mientras rodeando la finca serpentea el río y detrás del otero y junto a una granja un pequeño embalse sirve de hogar a cercetas y azulones.  Son las cinco de la tarde y en el cielo brillante planean las rapaces, mensajeras de benéficos  augurios.

La construcción central es en donde de momento está ubicada la cocina y los comedores (uno para hombres  y otra para mujeres pues la segregación de género es estricta) que se hacen pequeños y obligan a servir las comidas en dos turnos.  Allí se instala la recepción ese primer día y diversos voluntarios controlan las entradas  y asignan a los recién llegados lo que serán sus hogares durante los siguientes diez días.  Hacia el sur se yergue el pabellón de hombres, compuesto por una serie de habitaciones de cinco o seis literas cada una  y baños  y duchas comunes, así como la residencia de los servidores.  Hacia el norte el de mujeres, de iguales características.  Cada uno de los dos pabellones, con capacidad para sesenta o setenta cursillistas.  Arriba, cara al Oeste, está la sala de meditación,  de 300 metros y toda de madera,  cálida y acogedora  y que constituye el corazón del complejo en  donde transcurren las charlas y meditaciones comunales.  También allí adosadas están  las pequeñas  residencias del profesor y de la profesora que dirigen el curso.  La calefacción es por geotermia y las aguas residuales vierten al río, aunque previo  paso por un área depurativa en la que se han sembrado plantas que realizan esa función.  Chocante pero todo legal y en orden según la contradictoria legislación de nuestro país, lo mismo absurdamente permisiva que otras veces histéricamente  reguladora.   Por cierto que cuando escribía esto me llegó un email de la organización pidiendo disculpas a los que habíamos participado en el curso de noviembre pues, al parecer,  debido a un fallo durante esos días no había funcionado como es debido la depuración de aguas residuales.  Todo un detalle.

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Pie de foto.-  Indicación del camino que conduce al flamante Dhamma Sacca

Desde Birmania pasando por China

Por el medio de las construcciones, ocres y remozadas con un revestimiento de cal, barro y paja, discurren senderos de gravilla y árboles autóctonos recién plantados, de especies rústicas y resistentes propias de aquellos lugares.  Mientras no crecen,  si hay sol cae a plomo y para mitigar la ausencia de sombras protectoras se proveen unos paraguas blancos a modo de sombrillas.  Debe ser incómodo en agosto pero en noviembre la caricia del sol otoñal era un plus.  Aunque todo está en perfecto uso, aún se percibe la provisionalidad y la falta de acabados, pero considerando que todo se hizo en un año y con increíble energía  nadie duda de que el conjunto del  proyecto estará culminado también en tiempo record.

De momento, con el aforo completo éramos 64 hombres y otras tantas mujeres, más 10 servidores (voluntarios que atienden la limpieza y la cocina) de cada uno de los sexos, amén de dos managers o encargados, uno para los hombres  y otra para las mujeres, y el profesor/director del curso y una profesora a cargo del grupo femenino.   Todo impecablemente organizado y aquilatado tras décadas de experiencia no en vano el fundador de la versión contemporánea y adaptada de esta milenaria disciplina, dicen que desarrollada por el mismo Buda,  fue S.N.  Goenka,   un exitoso empresario birmano de origen indio fallecido en 2013 que buscando remedio a  las terribles migrañas que sufría retomó la tradición meditativa llevada desde la India al Extremo Oriente y que tras prácticamente desaparecer de su lugar de nacimiento  fue conservada en Birmania  por el maestro Sayagyi U Ba Khin.   Después de adoptarla como suya y rescatarla del último lugar en el que había pervivido medio escondida, Goenka la reintrodujo en la India y luego la divulgó por Occidente, primero en Inglaterra naturalmente, no en vano Gran Bretaña era la metrópoli y por tanto la puerta de entrada a occidente de la cultura de la que llamaban la Perla del Imperio.  Allí en el Reino Unido  está ahora la sede central en Europa de la Fundación y en donde también organizan cursos largos de 20 o 30 días, que ya son palabras mayores aunque los veteranos meditadores que los han experimentado dicen que no hay tanta diferencia con los de diez.  Pues así será.

Vipassana y Mindfulness

Vipassana significa entre otras cosas “ver las cosas como realmente son”.   El curso  consiste en recogerse de forma ascética durante diez días y mediante la técnica que allí imparten aprender a centrarse en el momento presente.  Así lo expresa   Sam Harris en su recomendable libro “Despertar.  Una guía para una espiritualidad sin religión.”   Kairós.  2015:

“La realidad de la vida de uno siempre es ahora.  Y darse cuenta de ello, como veremos, es liberador (…)  Para los principiantes suelo recomendar una técnica llamada vipassana (término pali para “perspectiva”,  que procede de la más antigua tradición budista, la theravada.  Una de las ventajas del viapssana es que puede enseñarse de una forma totalmente laica.  Los expertos en esta práctica generalmente se forman en ella dentro de un contexto budista, y la mayoría de centros de retiro en Estados  Unidos y Europa la enseñan asociada a la filosofía budista.  Sin embargo, este método de introspección puede llevarse a cualquier contexto laico o científico sin ningún problema.  (No puede decirse lo mismo sobre los cantos al señor Krisna tocando un tambor).  Esta es la razón por la que el vipassana se está estudiando y aplicando ampliamente y lo adoptan psicólogos y neurocientíficos.  La calidad de una mente entrenada en viapssana suele denominarse mindfulness, y hoy en día abunda la literatura sobre sus beneficios psicológicos.  El mindfulness no tiene nada de fantasmagórico.  Se trata sencillamente de un estado con la atención clara, ajena a juicios y concentrada en el contenido de la conciencia, tanto si este contenido es agradable como si no lo es.  El cultivo de este tipo de mente ha demostrado que reduce el dolor, la ansiedad y la depresión; mejora la función cognitiva; e incluso produce cambios en la densidad de la materia gris en las regiones cerebrales relacionadas con el aprendizaje y la memoria, la regulación emocional y la autoconciencia (…)  Mindfulness e una traducción de la palabra pali sati.  Este término tiene varios significados en la literatura budista, pero en lo que nos concierne el más importante es el de “conciencia clara.”    

Diez días para ver las cosas como realmente son

El contexto ascético del curso implica estar los diez días sin hablar,  practicando lo que llaman el Noble Silencio, sin libros, material de escritura ni ninguna clase de dispositivo electrónico, por lo que aunque fuese solo eso se trataría de una cura mental integral.  El gong,  que marca el ritmo del día,  suena a las cuatro de la mañana y a las cuatro y media comienzan las sesiones meditativas en la sala común o en la habitación.  Durante el día hay tres sesiones obligatorias de meditación comunal en la sala de una hora cada una, así como al fin de la jornada una charla grabada del Sr. Goenka en la que se nos ilustra sobre lo que la tradición oriental dicta al respecto.  El resto de las sesiones de meditación pueden hacerse en esa sala o en la propia habitación.

A las seis de la mañana se desayuna y a las 11 es la comida, tipo bufet y vegetariana  pero sabrosa y sana como podrán comprobar los que se animen a practicar este recetario que para allí diseñaron “ex profeso” unos prestigiosos profesionales  y que como regalo ofrecemos a los lectores que hasta aquí hayan llegado para contribuir a sus proyectos de regeneración propios del primer mes del año.

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Después del  buen almuerzo  ya no se come más hasta el día siguiente, salvo los estudiantes nuevos que pueden cenar una fruta a las 5 de la tarde mientras que para los antiguos  la cena consiste en  un vaso de agua templada aromatizada con jengibre y  limón.  Tras la última meditación comunal del día, a las nueve llega la hora de irse a la cama.

Sobre el apetito de los comensales,   la experiencia que nos cuentan servidores veteranos abarca un poco de todo: hay quienes llegan a preocupar pues apenas ingieren alimento y quienes sufren de una voracidad inusual e incluso se infiltran en los dos turnos de comidas para satisfacer una especie de pantagruélica obsesión.  Pero ambos casos extremos son poco frecuentes.

A pesar del régimen de vida espartano las deserciones no son numerosas.  Suelen situarse entre el cinco y el ocho o diez por ciento de los asistentes,  incluyendo abandonos por fuerza mayor.  Para algunos el silencio se presenta como un sacrificio enorme, pero para mí es lo más gratificante:  diez días sin verse obligado a desgranar tópicos sobre el tiempo o las insulsas frases hechas que constituyen el grueso de nuestra conversación habitual.  Tampoco el horario se hace pesado pues en ausencia de cualquier tipo de drogas ni estimulantes y con el cuerpo relajado  y la mente al ralentí  no se experimenta cansancio.   En cuanto a la comida, al segundo día ya se acostumbró uno a no cenar ni a picar entre horas y lo agradece el cuerpo con un sueño apacible y reparador.   Al menos en mi caso.

Para la mayoría lo peor es la postura al meditar,  sentado con la espalda erguida y las piernas cruzadas al modo oriental.   Se acomoda uno sobre cojines que allí proporcionan o sobre los diversos aparejos que cada cual se ha proveído  y  durante los tres primeros días se va llevando la cosa a base de moverse algo y cambiar de posición de cuando en cuando aunque sea muy levemente.  Pero ¡ ay!,   al cuarto día llega “la Firme Determinación”,  es decir el compromiso de permanecer inmóvil durante toda la  sesión de meditación y la hora se hace eterna.  Sobre todo al principio pero a todo se va uno haciendo  y en este último curso yo ya noté una notable mejoría.  El secreto está en la propia esencia del vipassana, en la conciencia de la impermanencia y de  la ecuanimidad, en la observación neutra de lo que siente el cuerpo viviendo conscientemente el momento presente y sabiendo en todo momento que nada permanece, que tanto las sensaciones placenteras como las negativas van pasando y que la naturaleza es un constante fluir.  Así pues, el dolor hay que tratarlo con indiferencia, observarlo ecuánimemente sin involucrarse en él hasta que como cualquier otra sensación desaparece.  Pero bueno, una cosa es la teoría y otra la práctica claro.

Al cuarto día, vipassana

Dicen allí que los peores días son el segundo y el sexto y las estadísticas de abandonos así lo confirman, pero para mí el peor es el cuarto, en el que se introduce la Vipassana propiamente dicha ya que durante los tres primeros días se practica la anapana,  una técnica preliminar consistente en ejercitar la atención o “afilar la mente” concentrándose en la percepción de la respiración pero  sin forzarla, dejando fluir el aliento libremente. Llegado el cuarto día y durante una sesión de dos horas seguidas en la sala comunal, se introduce la técnica Vipassana que consiste en realizar chequeos, recorridos minuciosos por todas y cada una de las partes del cuerpo atendiendo a las sensaciones de cualquier clase que se perciban sin detenerse en ninguna, sean del género que sean. Esto se hace según la tradición trasmitida por Goenka que allí se practica pues hay otras técnicas meditativas o aún de la propia Vipassana que son diferentes.  Por ejemplo,  en el mes de mayo pasado  asistí a un instructivo curso de meditación que impartió Danilo Hernández en Miño bajo el título de “Conciencia Desnuda” organizado por el centro de Ferrol Bunkaisport    En él Danilo, autor de uno de los más conocidos libros sobre yoga escrito en España (“Claves del Yoga, teoría y práctica.”  La liebre de marzo 1997, 2012 décimo segunda reimpresión)  explicó su técnica que consistía justamente al revés de la de Goenka:   primero se trataba de recorrer el cuerpo a la búsqueda de sensaciones como “entrenamiento” previo   para una vez centrados enfocar entonces la atención en un punto.  Cuando le pregunté al respecto me dijo que había muchas maneras de interpretar y practicar la Vipassana,  pero que todas son  en el fondo  la misma.  No obstante, parece que hay algunas diferencias entre ellas, como puede verse en esta comparativa  de diversas técnicas de meditación desde una perspectiva científica.

En fin, a partir de ese cuarto día se va profundizando desde la inmovilidad absoluta en los minuciosos  chequeos corporales a la búsqueda de esa atención ecuánime y desprendida y de lúcida vivencia del momento presente que constituye la esencia de cualquier tipo de meditación.

En el ya clásico libro de iniciación a esta técnica, “La Vipassana.  El arte de la meditación. “ de  William Hart.  Edaf 2013, dice el autor en la página 128:

“Las sensaciones se producen en todo momento en todo el cuerpo.  Cada contacto, mental o físico, produce una sensación.  Cada reacción bioquímica da lugar a una sensación.  En la vida ordinaria, la mente consciente no tiene el foco necesario para ser consciente de todas ellas –salvo de las más intensas-, pero una vez que hayamos aguzado la mente con la práctica de anapana-sati, desarrollando así la facultad de atención, podremos constatar conscientemente la realidad de cada sensación.”

Pues de eso se trata.

Base científica

En cada uno de los cursos y para cada una de las personas participantes la experiencia es distinta, pero para la gran mayoría muy positiva.   Cuando se acaba, olvidadas al cabo de unos días las mortificaciones corporales sufridas que tampoco son para tanto, permanece una especie de huella de algo profundo vivido,  como lo explica  Oliver Sacks en su libro “Alucinaciones” ( Ed. Anagrama, Colección Argumentos.  2013,  capítulo 13,  “La mente obsesionada” pág  258).

“ Estudios  llevados a cabo por Andrew Newberg y otros han mostrado que la práctica continua de la meditación produce importantes alteraciones en la circulación de la sangre en partes del cerebro relacionadas con la atención, la emoción y algunas funciones autónomas.” 

Y más adelante, en el capítulo 6,

“ …Se trata de que nuestra conciencia despierta, normal, la conciencia que llamamos racional, solo es un tipo particular de conciencia, mientras que por encima de ella, separada por una pantalla transparente, existen formas potenciales de conciencia completamente diferentes.  (…)  Recordando mis propias experiencias, todas convergen en un tipo de penetración al que no puedo evitar atribuirle algún género de significado metafísico;  su nota dominante es invariablemente una reconciliación.  Es como si los antagonismos del mundo, que con sus contrariedades y conflictos crean nuestras dificultades y problemas, se fundiesen en la unidad.  (…) Para mí, el sentido vivo de su realidad solo aparece en el artificial estado mental místico…   Muchos de nosotros encontramos la reconciliación de la que habla James, e incluso los “indicios de inmortalidad” de Woodsworth, en la naturaleza, el arte, el pensamiento creativo o la religión;  algunas personas pueden alcanzar estados trascendentales a través de la meditación, mediante técnicas parecidas de inducción del trance, con la oración y los ejercicios espirituales.”

Citada la opinión del tristemente desparecido neurólogo, la verdad es que mi experiencia no es de estados alterados de conciencia ni de trances místicos ni sicodélicos.  La cosa se lleva en general de forma más sencilla, aunque hay experiencias muy variadas y algunos las relatan muy intensas.  Según aconsejan los instructores,  se debe integrar la meditación en la vida cotidiana y persistir en la práctica diaria.  No hay que buscar cosas raras, sino simplemente la aceptación y la observación de la realidad y la vivencia del momento presente.  De hecho, hay que evitar regodearse en percepciones placenteras si  es que se tienen  o  rechazar  visceralmente  las  dolorosas pues ambas situaciones impiden la ecuanimidad y la percepción plena de esa realidad que está constantemente mutando.

Técnicas para todos los gustos

En cuanto a las diferentes técnicas  hay muchas, dentro del entorno budista o no.   En Santiago, como en cualquier parte hoy en día,  se ofertan diferentes tipos de meditación,  como detallábamos en uno de nuestros posts   anteriores , el titulado  “No medita el que no quiere”.   Por poner unos ejemplos significativos además de los que en ese post se describían, en las galerías Belén de la Avda. Rosalía Castro está el Sahaja Yoga Centro de Meditación,   en donde todos los martes a las 20.30 h. se reúnen los adeptos de esta escuela de meditación de Shri Mataji Nirmala Devi, “La Gran Madre”, cuyo fin es el despertar la energía kundalini.  También pueden seguirse sus enseñanzas por internet mediante un curso “on line” que se anuncia como apropiado para “despertar, conocer y desarrollar la consciencia y para la liberación de problemas físicos, emocionales y mentales. “    En la web hay video con instrucciones para la Realización del Ser y despertar la energía kundalini, o también en texto e imágenes.

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Pie de foto.-  Cartel anunciador de los cursos de meditación de Sahajayoga en Santiago

Ya en plan más terreno,  desde el pasado año se realiza aquí un curso anual de mindfulness  o atención plena entre enero y junio organizado por Quietud Mindfulness Center de Zaragoza,   con sesiones teóricas a cargo de distintos especialistas durante varios fines de semana en la ciudad y  tres retiros de fin de semana en el monasterio de Sobrado dos Monxes.  El precio es de  2.675 € que justifican  por la acreditación académica que proporcionan  para quienes a su vez quieran  ejercer de instructores profesionalmente.

Entre otras propuestas,  no podía faltar la versión cristiana contemporánea,  como la que el sacerdote Pablo D’Ors,  autor del libro  Biografía del silencio (Siruela),  puso en marcha,  la red de meditadores cristianos Amigos del Desierto   que organizan retiros en Las Batuecas y otras actividades.   Por cierto que preguntado Pablo D’Ors (El Cultural, 9 de septiembre de 2016) por cuál era el secreto del  éxito de su libro, respondió:

“El secreto es la enorme necesidad de silencio que hay en nuestra sociedad.  Y, más que eso; el hambre de espiritualidad, cuyo prestigio crece en la medida en que decrece el de la religión”

Valgan estos  como ejemplos  pero hay multitud, desde meditación zen a sufí pasando por muchas otras.  En apoyo de la idoneidad en el asunto de la Vipassana,   para empezar es gratis (solo se paga la voluntad, si es que se tiene alguna)  y se mantiene con el trabajo desinteresado de una amplia red de voluntarios internacionales, lo que ya la desmarca de otras opciones con tufillo mercantilista.  En cuanto a su eficacia, la avala la dureza de su método que no promete atajos ni caminos fáciles en lo que es siempre una ardua búsqueda de uno mismo.  Quizá por eso cada vez hay mayor demanda para participar en los cursos y se suelen llenar nada más abrirse el turno de inscripciones en su web.

Mi experiencia

Como dijimos, la experiencia meditativa es personal e íntima.  Para mí el primer día es uno de los peores.  Te preguntas qué haces  allí, si no tendrás el coco comido para volver a sufrir tontamente algo ya conocido.

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Pie de foto.-  Nubes sobre la sierra de Gredos

El pico Almanzor alza su masa gris granítica escoltada por sendos contrafuertes pardo verduscos que se apoyan como ayudándole a mantenerse erguido.  El aire es muy puro y el monte bajo y la dehesa que se extienden a partir del cauce del río que circunda la finca componen un paisaje que predispone a la mística.  Comienzan las monótonas jornadas acompasadas al ritmo del gong tibetano que no suena muy diferente de las clásicas campanas.  Uno se organiza como en un cuartel o en una cárcel, aunque rodeado de silencio y con la incómoda situación de pasar junto a los compañeros rehuyéndoles la mirada y sin pronunciar palabra.  Se buscan satisfacciones en las rutinas, desde la ducha caliente y fría a los paseos por las acotadas áreas circundantes,  cuyos límites no se permiten traspasar,  y en  la búsqueda de referentes y estímulos en esas soledades:  unas asanas de yoga o unos estiramientos  durante los descansos, el vagar libre de la mente tumbado en la litera, la percepción de voces de insectos y pájaros a los que habitualmente no prestamos atención, la contemplación de plantas y minerales en los que habitualmente ni nos fijamos .  Las pequeñas cosas llenan el día. Por ejemplo, enseguida aprendemos los horarios en los que por las inmediaciones pasa un rebaño de ovejas y nos invade la alegría cuando escuchamos a lo lejos los cencerros que componen la música de fondo de aquellos paisajes, como el monótono romper de las olas en una playa.  Entonces acudimos a la verja a verlo.   El pastor conduce al rebaño con aire indiferente mientras sus tres perros escoltan y organizan el grupo con armonía.   Siempre caminando pausadamente, a media mañana el pastor se sienta bajo un árbol a dar cuenta de su condumio  mientras sus compañeros los perros permanecen atentos al grupo de ovejas que se dispersan ramoneando.  Y vuelta al camino, el pastor ensoñando quien sabe qué y los perros contentos, brincando alegres y desempeñando su labor en completa sintonía y aceptación de su naturaleza.   El líder,  un espléndido ejemplar blanco cuya envergadura y poderosas mandíbulas denota sangre de mastín, deja el rebaño al pasar cerca del Centro y se dirige corriendo hacia nosotros, fuerte, noble y seguro, sin dudas ni contradicciones,  mientras lo observamos desde la alambrada envidiándolo en silencio.  Nos observa con curiosidad, preguntándose quiénes serán y qué harán aquellos humanos que permanecen callados y lánguidos mientras él corre libre y feliz.  Al cabo, después de reclamar las caricias que le llegan furtivas desde la valla, vuelve en rápida carrera junto al rebaño que discurre cadenciosamente al son de los cencerros mientras una oveja coja cierra la marcha.  El pastor acude junto a la tullida  de vez en cuando y la jalea animándola a proseguir.  La imagen de ternura nos conmueve.

Si llueve no salen o si es jueves o domingo pues en esos días otoñales de caza autorizada los estampidos de las armas sonaban como blasfemias en aquellos parajes y avisaban que mientras ronda la muerte el campo no es recomendable para faenas bucólicas.  Son entonces jornadas tristes para nosotros los internos en las que se acrecienta la melancolía y hemos de conformarnos,  si hay suerte, con el planeo de alguna pareja de buitres o de otras rapaces que también nos trasmiten nostalgia de libertad o con la contemplación de las anátidas que flotan pausadas pero vigilantes en el embalse de la granja aledaña .  Se comprende perfectamente por qué los clásicos gustaban del género pastoril, esa idealizada visión del campo que solo tienen quienes no lo padecen ni lo trabajan.

Otra mirada

Esperemos que continúen acompañando a los meditadores los rebaños.  La zona está en transformación.  Junto al Centro de Vipassana hay un campo de golf y en los próximos años se dirimirá el modelo de desarrollo que por allí prevalecerá.  Si una suerte de turismo religioso y de naturaleza, habida cuenta además de la idoneidad para el excursionismo  de los varios centros de diferentes obediencias religiosas, la mayoría de inspiración oriental que se están instalando por todo Gredos, o un área residencial con servicios VIP para clases privilegiadas que huyen de Madrid, que solo está a 180 kms.

Siempre está presente la bóveda celeste.   La mirada se va a lo alto y se escrutan las nubes o el cielo limpio y se retoma el sentido del tiempo,  de cómo constantemente  se forman y nos llegan los fenómenos meteorológicos.  Asistimos contemplativos al ritmo natural de las cosas, cómo efectivamente nada permanece y una primera nube tras varios días de sol llama a otras, sus formas cambian y una jornada resplandeciente poco a poco se vuelve brumosa y al fin cae la lluvia.  Y otra vez el sol rompe las tinieblas y hora a hora todo va fluyendo y mutando expresando la realidad de la naturaleza.  ¿Y qué decir del firmamento, de los amaneceres y atardeceres, de los astros que inician su brillo o se apagan al compás de las luces o las tinieblas?   La polar se alza sobre Candeleda y desde la noche al amanecer constatamos cómo las constelaciones giran en su eje.  Orión, Casiopea, Tauro, Escorpio, El Arquero…  Y las estrellas más brillantes como Sirio, Vega, Arturo que dirigen el cielo.  Y los planetas transitando por la eclíptica:  Júpiter, Venus, Saturno, Mercurio según los días.   Y la luna, tan próxima y espectacular no en vano durante aquellas fechas estuvimos bajo el influjo de la Superluna llena de noviembre.    Qué espectáculo y que maravilla ver pasar los días notando los pequeñísimos cambios que se producen en el firmamento y en la atmósfera, tal y como de verdad transcurre la vida.

Nuestra mirada se torna poco a poco la de un poeta o la de un pintor.   Y además  del paisaje y del genio del lugar a ello contribuyen las sesiones de meditación que nos hacen sentir como en una burbuja ajena al mundo.  El día que llegué se conocía la victoria de Trump y pensé que qué oportuno alejarse entonces del ruido.  Caía pertinaz la lluvia amarilla de las hojas de los árboles caducifolios y ante el mágico espectáculo otoñal todo daba igual.

Una Santa Compaña

Poco a poco el grupo de meditadores se constituye en una suerte de comunidad monástica de clausura.  Los cursillistas, muchos encapuchados con sus sudaderas,  en la oscuridad semejan   personajes del Greco o una especie de gris Santa Compaña.  Te imaginas las vidas que hay detrás de cada figura mientras te sumas  a la corriente de sombras silenciosas que a cámara lenta se dirigen a donde toca.  Poco a poco se persiste en el  objetivo de fomentar  la ecuanimidad y de sacar fuera los samsáras  ( los  malos rollos que se van acumulando y que al parecer surgen de los deseos y apetencias, de la aversión y la avidez que vamos generando),  y así poder lograr la paz.

Al iniciarse el curso se adquieren una serie de compromisos, entre ellos no salir del Centro, no mentir (difícil sin hablar), abstenerse de sexo,  permanecer en el Noble Silencio o no herir o matar.  Esto se lleva a rajatabla y por eso en las habitaciones hay un  vaso de plástico con una etiqueta que pone “reubicador de insectos”  que sirve para recoger cuidadosamente los escarabajos o demás invertebrados que se infiltran en las habitaciones y realojarlos en el campo.   Por cierto que como  recuerdo  me traje de otro de los cursos un minúsculo cartelito hecho con un papel y un palo que amorosamente algún alma sensible clavó junto a un nido de hormigas que había en el camino y que en inglés ponía:   “ KEEP OFF.  Ants only” (mantenerse alejado.  Solo hormigas).

Los adeptos constituyen una comunidad cuyos miembros se observan en silencio.  En la sala comunal de meditación,  dos grupos compactos.  A la izquierda el de los hombres,  a la derecha el de las mujeres.  A cada alumno se le asigna un lugar en función de su antigüedad,  es decir  del número de cursos realizados.  A mayor veteranía, más cerca se está del profesor o profesora  que dirigen el curso y que como una sacra pareja “new age” presiden ambos grupos sentados en la posición del loto en una tarima del frente de la estancia.    La grave voz de Goenka imparte instrucciones desde unas muy logradas grabaciones,  primero en su original en inglés y luego en una meliflua traducción en “argentino”.   Luego, la inmovilidad y el denso silencio,  el pasar el tiempo con otra percepción diferente, el esfuerzo en la concentración, el inevitable rum rum de la mente, el dolor de la inmovilidad en una postura no habitual.  Aunque los que aleguen  algún problema físico pueden utilizar sillas, el permanecer sentado inmóvil durante tanto tiempo puede resultar  aún más incómodo en ellas.

Termina el “Noble Silencio”

Se cuentan con ansia los días que faltan a medida que pasan las jornadas.   Al fin llega el décimo día y después de las meditaciones matinales se acaba el silencio.  Al salir de la sala de meditación la gente cambia su mirada y de huidizas se vuelven francas y miras y te miran a los ojos sin complejos.  Algunos rompen a hablar.  Otros, entre los que me cuento,  se van a refugiar a las zonas de paseo del campo huyendo de incómodas verborreas a las que ya nos habíamos desacostumbrado.   Poco a poco te adaptas e integras.  Primero se  rompe el hielo que se estableció durante largos días con vecinos y compañeros de habitación y luego se aborda a personajes que por alguna peculiaridad nos llamaron la atención.  Se forman corros y se genera una estrecha corriente de afecto y compañerismo con los que compartieron la prueba.  Nos deleitamos con las historias ajenas y descubrimos curiosas personalidades que no imaginábamos.   Hay gente de todas partes,  americanos,  europeos,  de toda España.  Los gallegos siempre bien representados pues nuestra tierra parece propicia para fomentar la afición por variadas formas de espiritualidad, sobre todo las más panteístas y puras. Será por lo de Prisciliano.

Mi primera charla en este último curso fue en el extremo de la finca con Emily, un noruego que había venido a propósito  desde Oslo por su gusto por España y porque en su país todavía no se hacen cursos.  El elenco es de lo más variado.  Allí estaba también Javier Morga, un guionista paraguayo que en plena gestación del guión de una película en Paraguay se quedó atenazado  y consiguió que el director le dejase  venir para ver si así le volvía la inspiración.  Según dijo, la gran luna de noviembre le sugirió una escena rompedora que disolvió su bloqueo.  También estaba un canario que trabajaba  en un circo con el que recorría el mundo y que tenía a todos asombrados por las acrobacias que sin alardes hacía constantemente,  como una manera natural de moverse y expresarse.  Allí le había llevado un desengaño amoroso y tras constatar que el retiro le había ayudado a superarlo esperaba venir a otro curso para concentrarse en él ya sin urgencias de resolver problemas.   Por lo que sé,  los traumas amorosos son un recurrente motivo para iniciarse en estos retiros.

El tono general de los participantes es de satisfacción y gozo.  Claro que siempre puede haber discrepantes, como en esta ocasión uno de Ourense que se confesaba practicante de yoga tibetano y seguidor de las técnicas meditativas de Akerman y que, decepcionado,  decía  que no pensaba volver.  Pero en fin, ya es sabido que hay gente para todo.

La visión artística

Uno de mis compañeros de habitación fue  Río, músico rapero y actor de Córdoba .  En nuestro último día compartimos opiniones y confidencias y después proseguimos nuestra relación por email.  Como un juego me propuso que le fuera haciendo una especie de entrevista, y esta es una selección de lo que salió y que reproduzco por el interés que pueda tener para quienes se dediquen a  la creación artística.

-Amigo Río:   ¿influyen de alguna forma directa en tu obra las prácticas meditativas?  Más allá del ejercicio de introspección que suponen, ¿se manifiestan de forma explícita en tus piezas?  ¿Notas diferencias en tu creatividad cuando llegas de Vipassana?

-Sí, influyen de forma directa. Trato de hacerme responsable de todas y cada una de las palabras que escribo y eso me obliga a reflexionar, a meditar durante el proceso creativo para separar el grano de la paja. La práctica meditativa me ayuda a estar más lúcido.

También hay guiños explícitos. Si escuchas la última canción del segundo disco que puedes encontrar en mi web  ,    el experimento en torno a la Noche Oscura de San Juan de la Cruz   y la dejas sonar hasta el final oirás algo extraño. Con ayuda de alguien que sepa editar audio entenderás de lo que hablo. Claro que esta  es la canción rara del disco y no es representativa de lo que hago.

Para oír algo si  representativo de mi obra, tienes estas dos canciones que sí lo serían: “Alquimia”:     y “La Perla”:

Con respecto al Vipassana, cada vez que he regresado de un retiro he sentido algo diferente, no te puedo decir que afecta siempre de la misma manera. Durante el último que hice se me ocurrían mil ideas en medio del silencio que tú bien conoces y en ocasiones lamentaba no poder tener al lado mi inseparable cuaderno y mi bolígrafo pero ¿sabes qué? Antes me daba vértigo que una buena idea cayera al abismo del olvido. Ahora voy entendiendo que cualquier idea cargada de amor siempre llega a buen puerto. Así que si no las recuerdo me despido de ellas en paz. Y muchas acaban por regresar.

¿Cómo surgió tu interés en la meditación Vipassana?

Un amigo me habló de ella después de hacer un curso y me dijo  las siguientes dos palabras: “Muy recomendable”.

¿Supone para ti algún tipo de camino a recorrer o son experiencias puntuales?

Como yo lo veo la vida es un todo, y la meditación forma parte de mi  camino como una herramienta más.vistaavila

Pie de foto.-  Ávila, tierra mística por antonomasia

Todos dicen lo mismo

Resulta curioso observar como en esas tierras abulenses  de honda tradición mística un catolicismo inmerso en una irreversible decadencia  va siendo sustituido por otras visiones más próximas y adecuadas a la sensibilidad actual.  Es muy significativo que  con tantos monasterios e iglesias cayéndose a pedazos se estén construyendo  nuevos centros para cubrir la imparable demanda espiritual.  Sería enriquecedor  que la tradición mística de esas tierras no desembocase solo en liturgias e interpretaciones orientales y que nuevas variantes referenciadas en nuestra historia se sumasen adaptándose a los tiempos mediante otras “técnicas” o  actitudes más atractivas y comprensibles para el mundo de hoy.  ¿Por  qué  gongs y no campanas?  ¿Para qué hablar en inglés o recitar palabras en sánscrito o pali teniendo cuatro idiomas peninsulares ricos en conceptos espirituales y el impresionante patrimonio del latín?  Lo deseable sería  que se fuese extendiendo  una nueva forma de canalizar la espiritualidad de forma laica, como se preconiza más cada día, sin estructuras jerárquicas desprestigiadas y  podridas que la distorsionen, como por ejemplo  denunció en su lúcida obra el diplomático  gallego Gonzalo Puente Ojea  , fallecido  el pasado diez de enero y analista objetivo del fenómeno religioso.   Mientras esa deseable interpretación ajena a dogmatismos y supersticiones no  se extiende, las observancias orientales y singularmente las budistas se van imponiendo por su mayor flexibilidad y proximidad al estado actual de la ciencia,  del  conocimiento  y de la sensibilidad contemporáneas  y cuya superioridad se manifiesta ya en  la contraposición de una imaginería basada en beatíficos, sonrientes y bien nutridos budas y coloristas mandalas a la de mártires torturados y sufrientes.   Al final, llámesele como se le llame, el mundo espiritual trata de procesos sicológicos y neurológicos, científicos en suma,  que responden a una necesidad vital y que no pueden sustituir ni el consumo ni el hedonismo  materialista a secas.

En el imaginario de las mentes más avisadas  ya está esa exploración de lo espiritual como necesidad perentoria.  Y una espiritualidad ecuménica, alejada de dogmas, en las que todas las creencias confluyen y manifiestan sus puntos en común, los de una profunda filosofía humanística.   Como ejemplo y  sin ir más lejos  se han estrenado en estos días dos películas representativas.  Por un lado, la gran producción  Silencio, de Martin Scorcese, cuya  moraleja es clara:  los jesuitas enviados al  Japón  del siglo XVII en misión de apostolado acaban apostatando e integrándose en el imperante sistema budista nipón tras atisbar que en el fondo todas las religiones son iguales.   Por otro,  el  14 de enero asistí a un taller de cine que impartió en el Numax de Santiago el director de cine gallego Oliver Laxe unos días después de estrenar su película Mimosas, rodada en el Atlas marroquí.   El taller consistió en el comentario de los libros en que se había inspirado para hacer la película y que habían dado soporte a su motivación para realizarla.   Se trataba de obras de referencia  sobre sufismo,  cristianismo primitivo, orientalismo, etc., y Laxe resaltó que tras vivir tres años en un palmeral para preparar la película su percepción era de que los valores e interpretaciones allí imperantes eran los mismos que los de la aldea de sus padres en los Ancares.

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Pie de foto.-  El cineasta gallego Oliver Laxe durante su charla en el cine Numax de Santiago 

Tierra mística

Cuando acabé la meditación hice una parada en Ávila.  Allí  me alojé en el coqueto hotel Las Cancelas,  una remozada posada del siglo XV junto a la catedral.  Aparte de disfrutar de  la morbosa gastronomía religiosa, que además de las socorridas yemas ofrece delicadezas como “besitos de ángeles”  o “tetillas de monja”  en las numerosas pastelerías propias del levítico ambiente de una ciudad que parece toda un plató de una película de Buñuel, se puede seguir la pista de nuestros mayores místicos como Santa Teresa o San Juan de la Cruz a través de museos y monumentos.

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Pie de foto.- Eróticas especialidades pasteleras de Ávila

Una cita ineludible es el Centro de Interpretación del Misticismo,   /   que se presenta como único en Europa,  de titularidad municipal y cuyo rehabilitado edificio de moderna factura se ha concebido en función del contenido, que no es otro que un repaso de abajo arriba al fenómeno místico universal desde una mirada laica y neutra que se agradece sobremanera después de vernos abrumados por un verdadero empacho de monumentos católicos .  Su contenido  trata de presentar el fenómeno místico como una válida propuesta actual y una reflexión sobre la filosofía que conlleva.

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Pie de foto.-  Centro de Interpretación del Misticismo, en Ávila

En esos días leí  la obra “Teresa de Ávila y la España de su tiempo”.  Algaba Ediciones, segunda edición 2015,  del  hispanista francés Joseph Pérez, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias sociales 2014.  En ella se da cuenta de las características del cristianismo en aquellas tierras y en aquellos años,  ricos en interpretaciones individuales y de arrebatos ajenos a las liturgias y normas eclesiásticas y por ello perseguidas con saña por la Inquisición.  Se deduce que los místicos de entonces eran muy similares en su sensibilidad y percepciones a los que ahora practican en las diferentes escuelas de meditación o de iluminación oriental.

En su página 206,  leemos lo siguiente:

“…Podemos ver  cómo, del Tercer abecedario espiritual de Osuna  a la Subida de Laredo, la espiritualidad franciscana señala cada vez con más nitidez que el objetivo de la meditación es un estado de no pensamiento  (“no pensar  nada”) en que el alma se une a Dios sin intermediarios.”

Más adelante,  en el cap. VIII,   “Teresa de Ávila y la experiencia mística”, pág. 227 y siguientes, escribe:

“Para preparar el alma a la unión con Dios, Osuna sugiere hacer el vacío en uno mismo,  desechar todo lo que es accesorio (criaturas, imágenes, ideas):  “no pensar nada”, es decir, despojarse de lo que no es esencial a fin de ponerse más íntimamente en contacto con Dios, no ya por medio de conceptos o imágenes , sino de forma afectiva y, de alguna manera, experimental.  Otros recomiendan abandonarse a la inspiración divina;  por ello se les llama “dejados” –literalmente: personas que se dejan ir, que se abandonan -, o casi siempre “alumbrados” por que aspiran a recibir directamente de Dios las luces que les permiten interpretar libremente los textos evangélicos.   (…) Esta “pululación mística” –la expresión es de Marcel Bataillon- precede y acompaña al erasmismo que sedujo a muchos intelectuales entre 1520 y 1550, pero rompe todas sus costuras.   (…) la aspiración es acercarse a Dios por vías afectivas más que intelectuales… “

Y prosigue:

“La inquisición  perseguía sectas iluminísticas y seudomísticas aunque no eran auténticos luteranos.  Los doctores, hombres de doctrina, desconfían de los espirituales, de los hombres dados a la experiencia mística.   “(…)  Cano es refractario al misticismo y a los impulsos del corazón.  Para él, el estudio es el único medio de conocer a Dios:  la fe iluminada por la razón. “

“(…) Las mujeres son vigiladas con especial cuidado.  Están muy presentes, en efecto, en los movimientos espirituales de la época, y esta circunstancia pone particularmente nerviosos a los guardianes de la ortodoxia.”

La más famosa de las visionarias españolas del XVI fue la Beata de Piedrahita.  A pesar de su heterodoxia, la protegieron el rey Católico, Cisneros o el Duque de Alba y solo por eso no tuvo problemas con la Inquisición.  Algo parecido ocurrió con Santa Teresa que, por ejemplo,  se cobijó a la sombra de  los poderosos jesuitas y sobre todo de Francisco de Borja, que era duque y pariente del rey.

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Pie de foto.-  Escultura de Santa Teresa frente a su museo

“(…) El misticismo no es específico de la religión católica, hay escuelas místicas musulmanas, hindúes, budistas, etc.  En lo que respecta al Cristianismo las primeras manifestaciones del misticismo cristiano se remontan al neoplatonismo de Plotino (205-270)  a los escritos de San Agustín o de Dionisio Areopagita.  Estas tendencias se renuevan con Ekhart y sus discípulos..”

También señala Pérez posibles influencias en  Teresa de Ávila de la mística musulmana, del sufismo y de la simbología de las siete moradas del alma, así como aportaciones judías no en vano la Santa era descendiente directa de hebreos conversos.

Aquí dejo también muestras poéticas archiconocidas  de Teresa y de San Juan de la Cruz en la que manifiestan sentimientos sobre la espiritualidad que suscribiría cualquier meditador de Vipassana:  “ Lira Mística.  Poesías completas de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.”  Editorial de Espiritualidad 2011:

De Santa Teresa:

Nada te turbe, nada te espante; / Todo se pasa, /Dios no se muda./La paciencia/ todo lo alcanza./ Quien a Dios tiene/  Nada le falta./ Solo Dios basta.

Y de San Juan de la Cruz:  “Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación”:

Entréme donde no supe,/Y quedéme no sabiendo,/Toda ciencia trascendiendo./  Yo no supe donde entraba,/pero cuando allí me vi,/ sin saber dónde me estaba,/grandes cosas entendí;/ no diré lo que sentí,/que me quedé no sabiendo,/toda ciencia trascendiendo.

Etc.

Un poco de turismo

Si se va con tiempo la zona merece irse explorando poco a poco, de viaje en viaje.   Hay muchas rutas senderistas y entre las más conocidas están  las que van a las  cinco lagunas de Gredos y sobre todo a La Laguna Grande,  una cubeta glaciar en el Circo de Gredos, detrás del pico Almanzor.   Hay diferentes rutas para ir   y  la más sencilla supone un par de horas de camino y otro tanto de vuelta.

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Pie de foto.-  Calzada romana en Gredos

Otro de los atractivos de mi interés son los gastronómicos entre los que como decía al principio destacan  los quesos.  En la gasolinera de Repsol de Candeleda,  que abre de siete de la mañana a once de la noche,  (hay otra de Cepsa con el mismo horario)  hay cafetería para espabilarse al alba y venden productos locales.  Allí podemos comprar un buen queso de cabra.   Pero este año quiso la suerte que hiciese un descubrimiento.   Resulta que al terminar el curso me dirigí a Ávila dispuesto a hacer allí parada y fonda como ya había concertado.  Enterado un compañero del curso, el griego Jarillo, me pidió que lo llevase hasta el pueblo de El Barraco, en donde tenía a su novia, natural de allí y a la que, como no, había conocido mientras ella estaba de Erasmus.   Jarillo, artesano de la isla de Samotracia, con mostacho y gorro de lana inconfundiblemente helenos,  no sabía ni español ni muy bien en donde quedaba aquello.   Y así preguntando nos echamos al camino.  En la Venta Rasquilla, en S. Martín del Pimpollar, ya casi coronada la subida de Gredos, hicimos un alto para cumplir con lo que ya es tradición y dar cuenta de un plato de un espléndido  queso de oveja extremeño,  Medina, que justifica la parada.  Allí no lo venden para llevar,  pero sí en la gasolinera que se encuentra ya a las puertas de Ávila.  Mientras despachaba prácticamente yo solo  la abundante ración pues Jarillo se confesó vegano,  eché un vistazo al veterano periódico El Norte de Castilla, fructífero vivero de grandes periodistas y que fue dirigido durante bastantes  años por Miguel Delibes.   Una noticia informaba de los premios 2016 del gran certamen internacional de quesos World Cheese Awards que se clausuraba en San Sebastián y resultó que el Valdecabras, de Candeleda,  había conseguido el Gran Oro, mientras que las queserías Elvira García  , de El Barraco, el sitio a donde nos dirigíamos, fueron galardonadas por su Canto de Gredos  con la medalla de oro.  Así que cogiendo a pocos metros de la venta  la carretera hacia ese pueblo y que conduce también  a los archifamosos Toros de Guisando, me dispuse a girar una visita a esas queserías que prometían tanto.  Después de contribuir al reencuentro de Jarillo con su amada, que por cierto era clavada a Irene Papas, y de visitar a sus casi suegros en el establo en el que gestionaban un nutrido rebaño,  fuimos a la quesería,  una granja de 700 cabras de raza malagueña cuidadas y mantenidas con certificados criterios ecológicos por una familia  que vive con pasión su oficio.  En la misma granja tienen una coqueta tienda que abren solo los fines de semana y en la que es posible degustar y comprar una amplia gama de variedades de producción propia, que Paco Alía, el joven y entusiasta promotor, nos va comentando con orgullo y sentido conocimiento mientras los catamos.  En las paredes se exhiben un sinfín de diplomas y galardones de los que constantemente obtienen sus quesos.  Por la zona hay muchas casas rurales y no les falta clientela para la venta directa, sobre todo de Madrid, en un ejemplo a imitar de como actualizar y generar buenos y bonitos negocios agropecuarios.

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Pie de foto.-  El griego Jarillo,  compañero de viaje, en la Venta Rasquilla 

Para seguir con los quesos, otro punto que deben conocer los aficionados se halla a bastantes kilómetros de allí en Medina del Campo,  en donde se puede hacer una pausada parada en la ruta hacia Galicia para ver el castillo de la Mota y otras cosas.  Entre ellas,  hay una tienda de quesos realmente nutrida y con escogidas referencias,  Los quesos de Juan  , en la que tras la consabida cata  a cargo del propietario, de erudita y contagiosa afición, podemos adquirir variedades realmente notables no sólo de Castilla sino de toda España y aún de algún otro país de Europa.  Altamente recomendable.

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Pie de foto.- las murallas de Urueña al final de camino

La villa de los libros

De vuelta a casa siguiendo por la autovía de las Rías Bajas, más adelante y también en la provincia de Valladolid  una indicación señala a mano derecha la salida a Urueña ,  que debemos tomar para visitar ese  pequeño pueblo amurallado que se califica como Villa del Libro.  Efectivamente muchas de las casas bien restauradas  que se presentan tras la muralla son librerías, tiendas de artesanía o de antigüedades, coquetos restaurantes (hay cinco) museos como el de instrumentos musicales y el etnográfico e incluso una galería de arte contemporáneo,  Espacio Dilab  en donde  Miriam Anllo, cuyo padre era de Lugo, ejerce de animadora cultural y organiza  recitales, performances, exposiciones, cursos, conciertos, etc.  Esta última vez se exhibía una impactante  exposición colectiva de cinco mujeres, una de ellas la viguesa Marta Armada, hermana del periodista Alfonso Armada. Al pie del pueblo  se alza la soberbia  ermita de La Anunciada,  única muestra de románico lombardo que hay en Castilla.

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Pie de foto.-  Ermita de la Anunciada en Urueña, único ejemplo de románico lombardo de Castilla

Retomando la gastronomía, si no le importa a uno hacer  una pequeña excursión se puede ir hasta La Santa Espina, a unos 10 kms. a través de pinares.   Es un pueblo sin mayor interés y que fue  construido por el Instituto Nacional de Colonización en los años 50.  Está en el Camino de Santiago desde Madrid y su gancho reside en la naturaleza circundante y en el restaurante El Rincón del Labrador que también oficia de casa rural.  Su éxito es rotundo.  Es un local de apreciable tamaño y el día que fui, a pesar de ser lunes y lloviendo,  estaba lleno.  Celebraban  unas jornadas de setas, que por allí son abundantísimas y que junto a la caza y el cordero constituyen sus productos estrella.  Setas de diferentes clases y maneras, incluso un postre de boletus que no estaba mal.  Todo generoso y recio.  Charlando con el propietario, me dijo que en febrero organizaban unas jornadas de marisco a cargo del famoso restaurante Peixoto, de Bueu, a donde él  devolvía más tarde la visita con su cocina mesetaria.  Pero si no es por curiosidad no vale la pena el viaje ex profeso ya que  para comer  la oferta de Urueña es más que suficiente.  Allí tenemos  por ejemplo  El Portalón,  con vistas a la muralla y en donde Mariví ofrece sabrosas tapas, o Los Lagares, o el Mesón del Pueblo, o el Pozolico que también es casa rural y está regentado por una japonesa y un indígena.

En fin, lo dejamos por hoy pues a lo tonto salió un ladrillo de tamaño considerable, y eso sin dedicarle mayor espacio a la moraleja que,  como hasta los menos avisados pueden adivinar, consiste en que lo mundano no está reñido con lo espiritual,  según se refleja popularmente en los chistes de curas en los que a pesar de su cercanía a Dios Satanás los pone a prueba constantemente y muchas veces los pobres no pueden sino sucumbir sin remedio a las tentaciones de la codicia, la gula o la lujuria.

Amén.